El franquismo ya tiene novela negra contemporánea

Ribas y Hofmann.

Ribas y Hofmann.

Hay libros que captan la esencia de una época sin necesidad de grandes disertaciones, de párrafos wikipedia, de incursiones panfletarias. Es lo que consiguen Rosa Ribas y Sabine Hoffman con El gran frío (Siruela) segunda parte de las andanzas de Ana Martí, una periodista de sucesos en la España de los cincuenta. El gran frío lleva a Martí fuera de Barcelona, donde se desarrolla Don de lenguas, y la mete en un pueblo cerrado, oscuro, lleno de supersticiones, puro años cincuenta, pura miseria franquista.
Con este post, continuamos con las reseñas de libros de autores que van a estar en la Semana Negra hasta el próximo 13 de julio. También pueden encontrar en Babelia la crítica de Ernesto Ayala- Dip a Los cuerpos extraños, la última novela de Lorenzo Silva. Y les dejo, como siempre, una guía con escritores, actos y libros para esta Semana Negra. Y la crónica desde el Tren Negro de Berna González Harbour. Lean y disfruten.
El maestro Elmore Leonard cerraba su decálogo con recomendaciones sobre el arte de escribir con tres consejos: evitar las descripciones de los personajes (ya saben, las “miradas gélidas” y otros lugares comunes del montón), evitar las descripciones profusas de los lugares y quitar todas las partes que los lectores tienden a saltarse. Como si tuvieran delante el decálogo mientras escriben a cuatro manos las historias de Ana Martí, Ribas y Hoffman nos regalan un retrato brutal de una sociedad pobre, mísera, llena de miedos, rencores, prejuicios y violencia soterrada sin descripciones, a través de los personajes, de los diálogos, de la acción, de las imágenes. “Es un detalle lo que te da la clave de una época, y no hace falta más”, me contaba el pasado jueves Ribas en Madrid.
La represión de un régimen asesino y lamentable no necesita ser documentada, basta con relatar, como hacían en Don de Lenguas, el silencio y la mirada al suelo de un grupo de vecinos al llegar el coche de la policía; o el temor de todos al oír el nombre de Grau, fiscal, falangista, represor. Lo mismo ocurre con la miseria, el integrismo de una sociedad entregada a una versión oscura y medieval de la religión en El gran frío.
1956. Ana Martí, ahora redactora de El Caso tras su paso por La Vanguardia, llega a un pueblo del Maestrazgo en plena ola de frío para investigar un supuesto milagro: la niña Isabelita tiene las llagas del sufrimiento de Cristo en manos y pies. Los intereses de la madre de la niña, que quiere ser la madre de una santa; del cura, que ve la posibilidad de hacer carrera a costa del milagro y del rico del pueblo y su poder medieval, se mezclan en una trama en la que Martí lucha por encontrar la verdad, que luego ya veremos lo que la censura deja publicar.
Poco a poco el lector siente la asfixia del pueblo, el ambiente opresor, la desconfianza hacia la periodista moderna, y encima mujer, que ha llegado de la ciudad. En las dos novelas, la trama evoluciona para ir mostrando poco a poco un esquema simple, sin grandes alardes, en el que los impulsos más bajos y la parte más oscura del ser humano terminan por explicarlo todo.
Sabemos que Martí es guapa, alta, decidida, descarada, osada, valiente. Sabemos que no se va a dejar amedrentar en un mundo de hombres, que no se va a rendir en una sociedad que le dice a voces, su madre incluida, que se case con un buen hombre y se olvide de trabajar. Y ahí, en Martí, en su lucha por ser una ciudadana, en su padre represaliado por ejercer con libertad el periodismo, está toda la miseria social, toda la mierda que tantos españoles tuvieron que tragar durante tanto tiempo. Sin peroratas, sin soflamas, sólo gracias a un personaje complejo y muy bien trazado. No es el único, y ese es uno de los grandes méritos de Sabine y Rosa. En El gran frío, todas las figuras de aquella España (el cura, el ricachón, el sargento de la Guardia Civil, la viuda con pasado oscuro, las beatas, el tonto del pueblo, el maestro..) tienen cabida, viven y llegan al lector sin maniqueísmos.
El franquismo tiene su retrato en negro, elaborado desde Alemania, a cuatro manos, impecable. Y no sale bien parado. El lector, sí. Lean y disfruten
http://blogs.elpais.com/elemental/2014/07/franquismo-ribas-frio-hofmann.html

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