El éxito mortal de la novela negra. Por JUAN CARLOS GALINDO

Recreación de una escena en Getafe. / SAMUEL SÁNCHEZ Recreación de una escena en Getafe. / SAMUEL SÁNCHEZ[
La ficción criminal en España tiene ante sí el caso más difícil de resolver, uno en el que se juega la vida: qué hacer para no morir de éxito. Ahora que el milagro de la Semana Negra celebra su 27ª edición y Gijón se encuentra en plan efervescencia con 144 escritores presentando libros, discutiendo y dándose un pequeño baño de masas es el momento perfecto para buscar las claves de un género que vive su edad de oro. Los tres grandes festivales (Gijón, Barcelona y Getafe), y sus incontables satélites, la proliferación de colecciones y sellos policiales en cada editorial, la superación en ventas, siempre modestas, a otros géneros como el histórico y la llegada de escritores de renombre y de fenómenos de superventas empujan a la novela negra a una nueva dimensión en la que tiene que buscar su sentido. Este miércoles (21.30) un grupo de escritores debatirá en Gijón bajo la pregunta ¿Por qué escribir novela negra?, una cuestión que ataca de lleno los miedos y problemas del género. Hablamos con algunos de ellos y con otros expertos para intentar encontrar las claves.

Si la novela negra puede sobrevivir al lado del humo y la suciedad de la calle y de la miseria humana, merecerá la pena. Si no puede, morirá o se volverá novela blanca y rosa”
Ángel de la Calle
Para atajar un mal primero hay que idenfitificarlo. Habla el escritor Víctor del Árbol: “Hay demasiada gente que escribe novela negra sin comprender el verdadero sentido del género, su clave dramática de exploración humana, se limitan a la estructura superficial, al engranaje de trama efectista”. “El problema”, asegura Ángel de la Calle, coordinador de la Semana Negra, “son los años en que ninguna novela te hace creer en la suprema grandeza del género”. La escritora Rosa Ribas remata el diagnóstico: “No hemos llegado al punto de saturación pero sí se sigue inundando las librerías con obras de poca calidad, acompañadas de críticas exageradas que las presentan como obras cumbres del género” señala la autora de Don de Lenguas (Siruela). “A veces tengo la impresión de que se hace un abuso de la etiqueta ‘negro’”, añade.

Sin embargo, lo negrocriminal ha roto moldes y sobrepasado muchas fronteras, se ha despojado de ciertos atavismos al tiempo que añadía nuevos miedos. “El género ha mutado en los últimos diez años y lo negro ya no remite exclusivamente al policial clásico”, asegura el argentino Marcelo Luján, escritor y coordinador de la charla de esta noche. “Se pueden omitir casi todos los elementos del polar (terminología francesa) y, aun así, narrar historias negrísimas. Si noveláramos la tragedia de, por ejemplo, Edipo Rey, donde un tipo mata a su padre, se acuesta con su madre y luego ésta se arranca los ojos y se lanza a un precipicio, ¿en qué escaparate la ubicaría un librero? ¿y el editor?”, asegura el autor de Moravia, uno de los mayores defensores de ampliar los límites del género.
Inmersa en este mundo desde hace años, responsable de la Serie Negra de RBA y ahora a punto de lanzar Salamandra Black, la editora Anik Lapointe se muestra muy optimista: “¿Morirá de éxito? Con el tiempo veremos cómo va evolucionando, pero no veo razones para ser pesimista. El desembarco de la novela negra en España no ha hecho más que empezar, y los festivales que van surgiendo responden al interés genuino de los lectores, que van descubriendo la riqueza y las posibilidades del género”.

La ficción criminal no ha podido evitar ese gesto tan español de mirar al vecino francés. Allí todo lo que aquí es experimento, incertidumbre y dudas es solidez y tradición. El Quais du Polar en Lyon va camino de ser el festival más importante de Europa y escritores como Carlos Salem o el propio Del Árbol triunfan. “Las cifras dan vértigo”, asegura Marc Fernández, fundador y redactor jefe del magazine especializado Alibi. “Uno de cada cuatro libros vendidos y uno de cada cinco publicados es una ficción criminal. Un 25% de las obras de la clasificación de los más vendidos está dentro del género”. En Francia hace años que el miedo a que se tratara una moda como otras tantas ya pasó. En España esa sombra se disipa poco a poco. “En este momento está de moda, pero el género negro no es una moda. Es una diferencia importante, porque cuando pase este subidón, seguirá siendo un género que cuenta ya con una tradición, con grandes autores, con una gran riqueza de formas y contenidos”, afirma Ribas. Lorenzo Silva, escritor y alma mater de Getafe Negro es el más rotundo en su rechazo de la idea: “Ese estadio ya lo pasó hace tiempo. Es un género canónico, y el detective, el paradigma de la cultura occidental. A partir de ahí, puede conocer altibajos, cómo no”. Luján remata: “Más que una moda es una corriente y un verdadero producto de la realidad que vivimos”.

Hay, eso sí, una diferencia, como subraya Lapointe: “La edición de novela negra empieza a parecerse a la de otros países europeos, aunque aún estamos muy lejos de la diversidad y la cantidad de novela negra que se publica por ejemplo, en Francia, los países escandinavos, Italia o el Reino Unido”.

Consejos salvavidas y pullas para advenedizos

Entonces, ¿Qué hacer para no morir de éxito? Cada uno tiene su clave, aunque todos apuntan un denominador común: la calidad. Ataca Del Árbol: “Lo que tiene que hacer es no ceder, precisamente, a los modismos ni a las fórmulas prefabricadas. No confundir al lector con tramas repetitivas y, sobre todo, escapar de los clichés. La voz narrativa auténtica, la ferocidad descarnada y la lucidez a la hora de analizar la realidad son los elementos que le dan vigor, y no deben perderse”. “Contar con buenos escritores. Gente que tenga algo dentro para escribir, que decía Chandler. Es el mejor seguro, o el único”, asegura Silva. El punto de confusión lo pone Luján: “No tiene que hacer nada o lo tiene que hacer todo” afirma antes de que Ribas ponga el dedo en la llaga.

No hemos llegado al punto de saturación pero sí se sigue inundando las librerías con obras de poca calidad”
Rosa Ribas
¿Qué haría con los advendizos que se suben al carro del éxito del género con novelas malas, como denunciaba Jo Nesbo? “Yo no les diría nada, el género negro no es un coto cerrado. Solo espero que los lectores les den su justo castigo. Y, como a veces no es así y, a pesar de todo, estas obras se venden, creo que abogaría porque los que nos tomamos el género en serio adoptáramos cierto cinismo ante los oportunistas y los viéramos como lo que parece que quieren ser, fórmulas de hacer dinero que dan vidilla a editoriales y librerías”, asegura rotunda la escritora afincada en Alemania. Como si estuviera escuchando a Ribas, Del Árbol da su receta para advenedizos: “Les diría que para ser un verdadero escritor de novela negra hay que ser valiente. La novela negra no acepta medianías y el buen lector de género está bien formado y desecha la literatura fastfood”.

A pesar de que la conversación es fragmentada y teledirigida en la distancia, las respuestas se complementan. Una perogrullada y una alerta para terminar. Luján subraya la evidencia que se suele olvidar: “Las novelas no tienen color: son buenas o malas o prescindibles”. El aviso, en este caso, viene de Ángel de la Calle: “El problema no son los escritores que deciden hacer su novelita negra para ganar los lectores que no tienen, allá ellos” asegura antes de volver a la clave final repetida de una u otra manera por casi todos: “Si la novela negra puede sobrevivir al lado del humo y la suciedad de la calle y de la miseria humana, merecerá la pena. Si no puede, morirá o se volverá novela blanca y rosa”. Seguiremos buscando pistas en Gijón.
http://cultura.elpais.com/cultura/2014/07/08/actualidad/1404826359_583177.html

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