Lartigue atrapa la felicidad

Gérard de Willemetz y Dany, Royan julio de 1926. / JACQUES HENRI LARTIGUE

Gérard de Willemetz y Dany, Royan julio de 1926. / JACQUES HENRI LARTIGUE


La exposición en la Sala San Benito de Valladolid es un recorrido por la vida del artista.
Las imágenes del fotógrafo francés son famosas por su ligereza y por la época que documenta.
Cuando Jacques Henri Lartigue (Courbevoie, París, 1894-Niza, 1986) regaló sus 120 álbumes de fotos al estado francés legó algo más que un minucioso relato visual de su larga y chispeante vida. Bajo las tapas marrones de aquellos tomos estaba una lección de alegría que es, en sí misma, toda una obra de arte. Considerado un fotógrafo fundacional, un involuntario maestro de maestros, Lartigue es también un faro que apunta hacia la sensibilidad y talento que requiere atrapar la felicidad, esa palabra cuyo valor profundo parece hoy perdido y que solo hombres como él han sabido preservar con su obra.

Ciento treinta y cinco de sus famosas fotografías, todas en blanco y negro, estarán durante todo este verano en la Sala San Benito de Valladolid, que además cuenta con el documental Le siècle en positif para completar un recorrido que viaja por la vida y por el siglo de este singular pionero de la fotografía autobiográfica e histórica.

Organizada por diChroma photography en colaboración con la Asociación de Amigos de Jacques Henri Lartigue y el Ministerio de la Cultura de Francia, las imágenes que se exponen (algunas inéditas) proceden de la Donation Jacques Henri Lartigue de Charenton. “Lartigue se inscribe en la historia de la fotografía moderna por su calidad gráfica excepcional, por su expresión del movimiento y por la diversidad de medios de expresión que empleó cuando ‘jugaba a hacer fotografías”, afirma la comisaria, Anne Morin, quien recuerda que para Lartigue, que se consideraba ante todo pintor, la cámara solo era eso, un juguete que en sus manos acabó convertido en una poderosa arma de expresión. Sus fotos son famosas por su ligereza, por su manera de captar la velocidad y el vuelo, por sus saltos, sus risas, por la belleza de sus mujeres, por la época que documenta, pero ante todo lo son porque descubrieron la capacidad revolucionaria de la fotografía moderna.
LEER MAS EN: http://cultura.elpais.com/cultura/2014/07/25/actualidad/1406306177_315898.html

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