LITERATURA JAPONESA EN GETAFE NEGRO.

Siguiendo con la charla de la noche anterior nos plantamos en la mesa oficial de literatura japonesa. Y siendo fieles al nombre de la mesa se habló de novela japonesa en general, orientado todo ello al género negro, pero sin despreciar otro tipo de géneros. La mesa estaba integrada por Andrés Pascual, Carlos Bassas, José Luis Ramírez, José Andrés Espelt, y todos ellos moderados por Ricardo Bosque.

En cuanto a novela negra, la mayor diferencia entre la novela japonesa y la occidental es que las tramas están mucho más elaboradas y todo mucho más contado al milímetro. El aspecto sobrenatural, como sabréis los que leéis novela oriental, está muy presente y muy marcado. Ya no es que los orientales piensen de una forma completamente diferente, que también, es que sienten de una forma completamente diferente.

“La calma en acción” es una de las afirmaciones que quizá mejor definan la novela negra japonesa. Viene a ser lo opuesto a lo mediterráneo. Honkaku es la rama de la novela negra que allí más éxito tiene, lo que se podría traducir como misterio clásico.

Otro aspecto destacado que encontramos en cualquier tipo de novela japonesa es la contención. Es un punto no demasiado positivo de su cultura, porque se guarda todo de modo interior, no se expresan los sentimientos en público, y eso genera muchos remolinos internos que luego tienen que salir por algún lado. Esto hace que a veces en las novelas sintamos que hay un ambiente muy ingenuo o muy naif. Pero esto es solo en el nivel público. En Japón, lo público es contenido, pero lo privado es salvaje.

El protocolo social también es algo muy conocido de la cultura japonesa. Este tipo de etiqueta protocolaria que mantienen hace que sea una cultura tremendamente individual, a veces donde más aislado estás es dentro de la propia familia, dentro del propio matrimonio y dentro del propio trabajo.

Respecto al tipo de asesinos que aparecen en las novelas negras japonesas, aquí nunca son psicópatas. Es muy habitual en la novela negra japonesa que mate cualquiera, personas normales; se dan mucho los asesinatos por circunstancia, que dependiendo del momento y el lugar puedan matar. El policía tampoco tiene el clásico rol occidental de hombre atormentado y alcohólico. Quizá de ahí que sea un tipo de novela negra muy cercana, porque es muy doméstica.

Siempre se dice que una de las características de la novela negra es que realiza crítica social. Aquí se hace, pero de un modo diferente. El simple hecho de citar un problema y exponerlo se considera un modo de crítica.

Para rematar, nos dejaron una serie de recomendaciones cada uno de ellos en cuanto a novela japonesa:

– Hanshichi de Kidô Okamoto: http://www.quaterni.es/producto/hanshichi-un-detective-en-el-japon-de-los-samurais/
– El clan Inugami, de Seishi Yokomizo: http://www.lafactoriadeideas.es/catalogo/libro.asp?referencia=LFL8023
– La sombra del Kasha, de Miyuki Miyabe: http://www.quaterni.es/producto/la-sombra-del-kasha/
– La llave maestra de Masako Togawa: http://www.iberlibro.com/LLAVE-MAESTRA-MASAKO-TOGAWA-EDICIONES-BARCELONA/9227159921/bd
– El expreso de Tokio de Seicho Matsumoto: http://www.librosdelasteroide.com/-el-expreso-de-tokio
– Out de Natsuo Kirino: http://www.planetadelibros.com/natsuo-kirino-autor-000031469.html
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http://ricardobosque.wordpress.com/
http://leersinprisa.blogspot.com.es/2014/10/getafe-negro-2014-viernes-24-de-octubre.html

Los campeones mundiales de la novela negra contemporánea. Por JUAN CARLOS GALINDO.

Ilustración de Fernando Vicente para Estudio en Escarlata.

Ilustración de Fernando Vicente para Estudio en Escarlata.


Getafe Negro llena estos días todo Madrid de autores de novela negra y locos de la ficción criminal. Desde EL PAÍS ya hemos hablado con algunos de esos autores (Jo Nesbo o Lee Child) pero ahora queríamos proponer algo más ágil, divertido y polémico.

Elegimos 13 escritores contemporáneos cuya obra, éxito de ventas y/o crítica, repercusión e influencia les colocan muy arriba en el escalafón del género. Hay anglosajones, nórdicos, franceses o españoles.

Faltan, como en cualquier lista (se me ocurren a bote pronto James Sallis, Deon Meyer , Donna Leon o Tana French), pero a alguien había que dejar fuera. Son 13 para que se pueda elegir uno por mes y uno de más de regalo. Importante: el orden no es jerárquico.
Michael Connelly (Filadelfia, 1956)
El padre del personaje Harry Bosch es una figura clave en la literatura del género de las últimas dos décadas. Su pasado por el mundo del periodismo como reportero de sucesos le da un estilo directo, pulcro y emocionante. En los 16 libros escritos sobre Bosch el personaje evoluciona, envejece y se hunde como pocos en la oscuridad de un trabajo nada agradable. Si tengo que elegir, me quedo con Cuesta Abajo. Es también responsable de la serie del abogado Mike Haller y de otras obras como Deuda de sangre.
Dennis Lehane (Boston, 1965)
Uno de los grandes renovadores del género. Una voz esencial en la novela negra de los últimos años con una obra diversa y literariamente rica. Su serie protagonizada por los detectives Kenzie y Gennaro es una delicia. Su maestría con el género se ve perfectamente en otras obras ajenas a esta serie como Vivir de noche, Mystic River o Shutter Island. Es, además, guionista de The Wire, creador y guionista de Boardwalk Empire y uno de los escritores del género que mejor han sido llevados a la pantalla.
James Ellroy (Los Ángeles, 1948)
El autor de la Trilogía americana o del Cuarteto de los Ángeles, entre las que se incluye la hiper famosa L.A. Confidencial, y de otras series menos conocidas pero igual de esenciales como la Trilogía del sargento Lloyd es posiblemente uno de los personajes más insoportables de la escena contemporánea. Pero su extensa y gran obra le justifica. Su radiografía del EE UU de los 40, 50 y 60 del siglo XX, su buceo en lo peor de las cloacas del poder, su estilo abrumador y original y la fuerza del universo que ha creado le hacen sin distinción merecedor de casi todos los halagos que él mismo se dedica.
Jo Nesbo (Oslo, 1960)
Decir novela negra nórdica hoy en día es decir Jo Nesbo. Las novelas de Harry Hole son un manual de los límites del género y del ser humano para enfrentarse al sufrimiento. El inicio de Némesis (una de las mejores narraciones de un atraco de la literatura contemporánea) o la evolución de Harry Hole en las, hasta ahora, últimas novelas del personaje son dos grandes ejemplos. Promete matarlo, lo que no dejaría de ser una novedad que dejaría huérfanos a los millones de fans de este policía tan, tan especial. Su enorme difusión en el mundo anglosajón ha hecho de este excantante y antiguo economista uno de los autores de más éxito de la ficción criminal.
John Banville (Wexford, 1945)
El reciente Premio Príncipe de Asturias de las Letras ha llevado a cabo sus incursiones en el género bajo el pseudónimo de Benjamin Black. Las cinco novelas de Quirke y Hackett, personajes sublimes, supusieron un impulso literario tremendo para un género siempre bajo sospecha. El lémur es un sencillo y maravilloso thriller. Aunque hay opiniones para todos los gustos, La rubia de los ojos negros es una acertada continuación de las obras de Raymond Chandler, una misión suicida de la que sale bien parado. Un grandísimo escritor haga lo que haga.
Gillian Flynn (Kansas, 1971)
De plena actualidad por la película Perdida, basada en su excelente thriller con el mismo título, esta antigua periodista y crítica de televisión víctima de un ERE es una voz renovadora del género, que trata con maestría la novela psicológica femenina, que entra de lleno en la novela de venganza, una hija bastarda de Jerry Seinfeld y Patricia Highsmith, capacidades que demuestra de sobra en otro de sus libros, Heridas abiertas. Todo esto sin olvidar que Perdida es el tercer libro electrónico más comprado de la historia y que llegó a desbancar a 50 sombras de Grey en la lista de The New York Times aunque, todo hay que decirlo, con bastante más calidad.
Andrea Camilleri (Sicilia, 1925)
“Comunista, siempre, siempre, siempre, por justicia social” “empleado de la escritura” y, sobre todo, padre de Salvo Montalbano, uno de los mejores regalos que nos ha hecho la literatura italiana del último siglo. El autor recibió el Pepe Carvalho de novela negra en Barcelona el pasado mes de febrero, un reconocimiento que esperamos no sea el último a una carrera excelsa.
Fred Vargas (París, 1957)
La creadora del comisario Adamsberg, ese hombre que tiene como don y como castigo una tremenda intuición, es una de las más loadas autoras de novela negra contemporánea por la calidad de sus textos. Algo que tiene más mérito todavía si consideramos que durante años escribió las novelas a salto de mata, en las tres semanas que tenía de vacaciones de verano. Por cierto, le encantan las pequeñas batallas.

Por ejemplo, sigue publicando en Francia en la misma pequeña editorial a pesar de las ofertas millonarias que le han hecho los grandes grupos.
Henning Mankell (Estocolmo 1948)
Con Kurt Wallander ya fuera del panorama y su creador relatando su vida bajo el cáncer brutal que padece, Mankell se merece un homenaje. Y Wallander, ese policía melónmano, gordo e hipertenso, ese pobre justiciero inteligente e infeliz, ha tenido una influencia enorme en todo lo que ha venido después.
Ian Rankin (Fife, 1960)
Hablar de Rankin es hacerlo de John Rebus, aquel policía malencardado, complejo, contestatario, genial. Le hizo envejecer, le jubiló, pero ha tenido que rescatarlo e incluso lo ha cruzado con el policía de asuntos internos Malcom Fox. Todo para crear una saga tremendamente exitosa, con cientos de miles de lectores detrás de las peripecias de John Rebus, pobre John Rebus. Su renovación de la novela negra escocesa, que tantos y tantos buenos autores nos ha traído, le hacen merecedor de un sitio en esta pequeña lista.
Pierre Lemaitre (Paris, 1951)
No es nada fácil que un Premio Goncourt de novela no sólo venga del género negro, sino que lo reivindique. Tampoco es fácil que alguien que empieza a escribir a los 56, a los 63 tenga ya un buen puñado de novelas negras como por ejemplo la trilogía del comisario Camille Verhoeven (excelente debut y homenaje al género con Travail Soigne) o Robe de Marié, auténticas referencias del género. Una voz brutal y con un hondo sentir literario.
Francisco González Ledesma (Barcelona, 1927)
Puede que la novela negra española tenga varios padres, lo que nadie discute es que González Ledesma es uno de ellos. El creador de Ricardo Méndez, ese extraño detective con los bolsillos llenos de libros imposibles, sobre todo dotó al género en España de una mirada más social, más pegada a la realidad, más crítica. Otro maestro al que hemos incluido aunque no se pueda ya prodigar.
Lorenzo Silva (Madrid, 1966)
Responsable de esa pareja de guardias civiles formada por Bevilacqua y Chamorro; responsable a su vez de dotar a esos personajes de un visión más cercana para el lector español; responsable, si no culpable, de haber arrasado con esos dos personajes en las siete novelas que ha escrito con ellos de protagonistas. Premio Planeta, Premio Nadal, autor de género juvenil y, sobre todo, un escritor comprometido con la calidad del género.
http://cultura.elpais.com/cultura/2014/10/24/actualidad/1414138879_870807.html

Las pobres víctimas de la novela negra. Por Juan Carlos Galindo

De izquierda a derecha:Zanón, French, González Harbour, Del Árbol, y Panadero | GETAFE NEGRO

De izquierda a derecha:Zanón, French, González Harbour, Del Árbol, y Panadero | GETAFE NEGRO


Un equipo de lujo formado por Paul French, David G. Panadero, Carlos Zanón, Berna González Harbour y Víctor del Árbol habló este viernes en Getafe Negro bajo el título Nosotros, los muertos de esos grandes olvidados de la novela negra: las víctimas de los crímenes de los que, tantas veces, nos alimentamos los lectores. Y que, casi otras tantas veces, son olvidados por todos, empezando por los escritores. ¿Qué tienen que decir?
Seguimos así con la cobertura de Getafe Negro que iniciamos con las recomendaciones sobre el programa, las lecturas de las estrellas del festival, la entrevista a modo de tercer grado con Lorenzo Silva o mi conversación con Lee Child en el Museo del Prado. Si olvidar que estuvimos con Juan Cruz y Sergio Álvarez hablando del Gabriel García Márquez conspirador. Lean y disfruten.
Rápido y algo polémico, como debe ser. Así empieza el debate David G. Panadero, moderador y presentador, cuando lanza la cuestión clave: la culpabilidad puede estar bien repartida e igual hay que entender las motivaciones de determinados agresores. Carlos Zanón es el primero en asumir el reto: “Mis personajes se encuentran en una olla exprés en el que el único camino es la violencia. Los escritores no tratamos excesivamente bien a las víctimas, nos ensañarnos con ellas y lo que hacemos es castigarlas doblemente. A veces leo libros que con independencia de que estén bien o mal te hacen pensar que por su fascinación por la violencia o por su misoginia, ese hombre, ese autor necesita un tratamiento”, justifica, al tiempo que ataca, Carlos Zanón, autor de No llames a casa o Yo fui Johnny Thunders.
Paul French es el encargado de lanzar los avisos: “Hay una enorme responsabilidad con la familia de las víctimas. La única manera de llegar hasta el fondo es documentarlo a fondo, lo contrario es pornografía de la violencia”.
Como periodista, Berna González Harbour, que ha contado el drama de los suicidios en las grandes compañías por la presión laboral y social en Margen de error, es la responsable de tomar el relevo y dar respuestas reales y periodísticas a las preguntas de Panadero. Como no podría ser de otra manera, la directora de Babelia tira de un caso real: “Cuando hablamos de los muertos, cuando los escogemos, hablamos y escogemos también a los culpables”, asegura. ¿Cómo? Pues clasificándolos pero teniendo en cuenta que siempre, o casi siempre, los VIP y más los súper VIP, se salvan, afirma directa a la yugular de determinados ex directivos de determinadas cajas de ahorros.
Víctor Del Árbol aporta el punto de vista más filosófico. El autor de Un millón de gotas cita a James Ellroy para marcar territorio: “La verdad nos hace libre aunque nos duela”, afirma. “Una víctima”, continúa, “no se tiene por qué asociar necesariamente al hecho de morir. Escribo sobre personajes ciegos que miran pero no ven, porque lo que hacen mis personajes es no ver el dolor”, concluye con algo de desesperanza, abriendo la puerta, sin entrar en detalles, a otro gran tema que queda para otra ocasión: ¿puede haber novela negra sin un muerto? .
La verdad, la mentira y la vida
“¿Qué es la verdad? ¿Qué es la realidad? Las medias verdades y las medias mentiras son las que te hacen funcionar. Y eso es así en la realidad y en la ficción”, suelta a medio camino entre la boutade y la reflexión Zanón. “Pretendo mostrar lo que veo bajo mis gafas y para eso tienes que mentir, vamos, toneladas”, añade el autor de No llames a casa, que arranca las risas del personal cuando habla de las víctimas, de los asesinos cutres, de los criminales que no están a la altura y de los Pujol.
Paul French, que viene del periodismo puro y duro, no se ve fuera de la realidad, fuera de la ficción heredera directa del reporterismo salvaje. “No, no lo veo”, afirma con cierta flema. Una pregunta para González Harbour: ¿De quién es culpa que busquemos verdades absolutas en ciertas novelas? “La realidad es siempre muchísimo peor que la ficción. Mirad por ejemplo el caso del pederasta de Ciudad Lineal. No sé si habéis recalado en que sus dos primeras víctimas son dos niñas, una china y otra dominicana. Cuando la tercera víctima es una española el Gobierno lo convierte en asunto de prioridad nacional y eso es horrible”, asevera, dejando cierto poso de malestar entre el público. “Veo la realidad y veo novelas y apuesto por ellas porque es en ese terreno en el que te puedes vengar, en el que si violan a una niña china puedes vengarte sin esperar a que una niña española sea violada”, añade para no dejar cerrada la puerta de la esperanza, en la ficción o donde sea.
Del Árbol, que tan bien mezcla realidad y ficción y hechos históricos en Un millón de gotas, mete de nuevo el dedo en el ojo: “La ficción hace caricatura de la realidad. En la ficción de hoy en día y en especial en la novela negra hay una tendencia a la hiperrealidad que desnaturaliza la novela negra. En la ficción las cosas tienen que empezar y acabar, pero en la realidad eso no es así. Una guerra nunca acaba. El perdón, qué concepto tan curioso. ¿Cómo vas a perdonar a determinados personajes?” deja caer, como una losa en pleno calor de Getafe.
Carlos Zanón, tan próximo al rock y a la cultura pop, llega más lejos:
“Estamos muy habituados a trabajar con la representación de una muerte en la ficción. La muerte y las víctimas en la ficción son una convención. Lo sabe el autor y lo sabe el lector. Muchas veces rizamos tanto el rizo que llegamos casi casi a la caricatura”.
El autor se acuerda de The Wire, de la violencia vista como lo cotidiano, “un día más en la oficina” y lo contrasta con un escena de Mad Men que dejó tieso a este bloguero y parece que también al autor: la familia de Donald Drapper se va al campo y ven que llegan las nubes y puede empezar a llover cogen el mantel y tiran toda la basura al suelo, en medio de la naturaleza y se van tan tranquilos. Eso es violencia. “Si hago eso en Barcelona, me matan”, asegura para asombro o asentimiento, depende del sujeto, del público que llena la sala.
El éxito de la novela negra
Era inevitable. El tema vuelve a resurgir. ¿Por qué triunfa el género? Pregunta abierta a la que se lanza al aire y que recoge Víctor del Árbol: “No soy un experto pero creo que tiene algo que ver con acercarte, con domesticar el horror, haciéndolo habitual y convirtiéndolo en cliché. Está bien que te persiga un malo pero que cuando cierres el libro, desaparezca”.
“Es un género de poder”, asegura González Harbour, que está tan pegado a la realidad, que ha sabido conectar tanto con el público que busca referencias que por eso ha triunfado.
Recomendaciones negras
El moderador, que ha tenido el acierto de cerrar con esa gran frase con doble sentido de “la letra, con sangre entra”, pide a los autores que den un par de recomendaciones de lecturas. Ahí van como ejemplo:
Zanón: Mar de fondo de Patricia Highsmith. Cualquiera Julían Ibáñez -”he leído nueve y son todas buenísimas- y Raymond Chandler y Tren Nocturno de Martin Amis
French: El autor británico apuesta por People from darkness de Joe Leaphom.
González Habour: Su admiración por Chandler se ve algo frenada por los personajes “machotes” que pueblan sus novelas, así que sugiere Tana French y su Faithfull Place
Del Árbol: El diablo a todas horas. Ronald Ray Pollock . Zulú de Caryl Fé
http://blogs.elpais.com/elemental/2014/10/novela-negra-victimas-getafe.html

El autor de novela negra “Benjamin Black”, Príncipe de Asturias de las Letras 2014

John Banville, Premio Príncipe de Asturias de las Letras. / JULIÁN ROJAS

John Banville, Premio Príncipe de Asturias de las Letras. / JULIÁN ROJAS


“Todo el mundo sabía y sabe que en Irlanda se comete pederastia”
.John Banville repasa en Oviedo ante alumnos de Humanidades su dualidad creativa.
Sentado junto a la estatua de Úrculo en Oviedo, en esa cabeza de libros apilados coronada por un sombrero Borsalino, como el que lleva el premio Príncipe de Asturias de las letras de este año, uno no llega a saber bien si la obra firmada por el artista asturiano se trataba de un profético homenaje a John Banville o a Benjamin Black.

Quizás, la prenda acompañe más al autor de género negro, urdidor de una intensa e inteligente trama continua de elegante suspense que al narrador poético de El mar. Si quien lleva su verdadero nombre, Banville, es un autor apresado por los enigmas líricos, el del pseudónimo Black despliega una inteligencia de pistas que dan la vuelta al género con suspense.
En esa placentera esquizofrenia devota de Robert L. Stevenson se mueve el irlandés. En esa relajada dualidad, juguetona y cómplice, esquiva y sana con los géneros. Porque Banville (Wexford, 1945) posee tanto talento que puede ser a la vez dos cosas tan radicalmente opuestas como escritor de culto y autor de éxito para públicos más amplios.

Y esto último sin que su inquebrantable compromiso con la literatura le lleve al terreno del best-seller. Aunque para él es más sencillo de explicar: “Para mí existen dos maneras de escribir, la del artista y la del artesano. Banville es el primero, Black, el segundo”, confiesa por la tarde, degustando un vino blanco, en el hotel Reconquista.

Por la mañana, afable, encantado, accesible, Banville conquistó a un auditorio masivamente joven de estudiantes en la universidad de Oviedo. Muchos de ellos con ejemplares de sus libros. “Black funciona basándose en el cliché, Banville está en su mundo imaginario. El otro en el mundo real. Yo necesito la fantasía, la realidad me mata”.

Sobre todo abordando asuntos como la pederastia y los abusos. “Quizás no hayamos dado con la palabra exacta, la que dé significado preciso a esa atrocidad, quizás sea una cuestión de lenguaje”, comentaba en privado.
“Todo el mundo sabía en Irlanda y sabe, que se cometen abusos”, declaró ante los estudiantes. “Sabíamos y no sabíamos a la vez”, comentó. Como en todos esos países en los que durante décadas ese drama se ha tratado con silencios y sobreentendidos, caso de España.

Son esos asuntos en los que ambos escritores coinciden a veces. Temáticas recurrentes de uno de los autores más sutiles, misteriosos y sugerentes de la literatura mundial. Cuestión de puntos de vista también, como abordaba el autor bajo un lema que presidía la sala por la mañana y rezaba: “El extraño caso del Dr Banville y Mr Black”.

En él conviven y se cruzan de la manera más natural, los dos creadores: “No hago más que reflejar esa multiplicidad de puntos de vista que hace el mundo tan maravilloso. Inventamos y nos reinventamos constantemente, somos individuos que arrojamos con diferente intensidad luz en el mundo”.

Quizás él lo haga un tanto apartado: “Soy un individuo bastante desconectado de lo que ocurre y encerrado en una habitación desde la que hago uso de mi imaginación, más que otras cosas”, afirma. “Nadando en la ambigüedad, también, es lo que hace que la vida sea interesante, de otra forma, la realidad acabaría con nosotros, a mi me interesa tratar de aproximarme a los secretos, a las penumbras”. Y a fe que lo ha hecho, como ahora, con trabajo y una novela firmada por Banville en la que lleva metido tres años: “Tuve que reescribirla, me equivoqué en el tono, en la forma, es como cuando escuchas la radio y no atinas a encontrar la frecuencia nítida”.
Pasará al catálogo de una imaginación y una dedicación fecunda de la que han salido obras frecuentemente sublimes como la citada El mar, pero también ese regalo de los dioses mirándonos con terror que es Los infinitos o la arrebatadora Antigua luz –por parte de Banville- así como El otro nombre de Laura, En busca de abril o Muerte en verano, firmados por Benjamin Black.
http://cultura.elpais.com/cultura/2014/10/23/actualidad/1414068450_611701.html

García Márquez, el gran conspirador. Por Juan Carlos Galindo

Sergio Álvarez (izquierda) y Juan Cruz |GETAFE NEGRO

Sergio Álvarez (izquierda) y Juan Cruz |GETAFE NEGRO


En un programa tan amplio como el de Getafe Negro, tienen cabida temas dispares y apasionantes. Los escritores Juan Cruz y Sergio Álvarez han hablado esta tarde en la localidad del sur de Madrid de la vertiente negra de Gabriel García Márquez, de su capacidad para acercarse al lado más oscuro de la realidad a través del mejor periodismo de sucesos y de toda su obra.
Cruz y Álvarez, distinta generación, distinto origen, distintos recorridos, han coincidido en su fascinación por la figura del ganador del Premio Nobel de Literatura, su vida al lado del poder, en la sombra de las conspiraciones del siglo XX, junto a todos los grandes acontecimientos de las últimas décadas. Una vida de conspirador para un narrador genial que tuvo en el periodismo una de sus grandes labores, influencias y pasiones. Una vida de novela negra.
Seguimos así con la cobertura de Getafe Negro que iniciamos con las recomendaciones sobre el programa, varias de ellas todavía vigentes, las lecturas de las estrellas del festival, la entrevista a modo de tercer grado con Lorenzo Silva o mi conversación con Lee Child en el Museo del Prado. Lean y disfruten.
“El periodismo y el tono de su abuela son los dos grandes instrumentos de García Márquez para contar historias” ha atacado Juan Cruz nada más empezar. El periodista, gran conocedor de la obra del escritor colombiano y admirador de su trabajo periodístico habla de Gabo como un gran fabulador, un mentiroso que contaba grandes verdades y que vivía por y para las historias.“Los materiales que usó Gabo como periodismo puro cuando ya era famoso, por ejemplo en Noticia de un secuestro, son esos que había aprendido en su periódico, como encargado de sucesos, y los establece como paradigma del reportaje más importante que se ha hecho sobre terrorismo en la prensa española en todo el siglo XX. Sus materiales fueron siempre periodísticos” ¿Fabulación? “Hacía falta para la ficción, la hacía más creíble, no para los reportajes, que nunca tuvieron desmentidos”, asegura.
El colombiano Sergio Álvarez ha querido hablar de Gabo como un hijo, con esa mirada bipolar que todos los hijos tienen sobre sus padres, con ese respeto: “Gabo nos allanó el camino a todos los escritores colombianos”, subraya casi antes de empezar.
“Uno podría construir un gran imaginario relacionado con la novela policíaca a partir de sus novelas, pero es a partir de sus vidas donde se engrandece esa figura. Su vida es la de un inmenso conspirador. De hecho yo creo que escribía en los ratos libres que le dejaba la conspiración, el intento de hacerse amigo de un presidente, de trabajar en las sombras del espionaje. Tiene un inmenso timing como ser humano y como narrador y eso es la novela negra, lo que le hace tan importante y esencial: grandes personajes, gran uso del tiempo, una relación con los lectores que nosotros llamamos suspense y que al final tiene una solución. Y en todo esto García Márquez es un mago”.
¿Es o no es un mentiroso? ¿Realmente eso importa? “No nos mentía”, asegura el autor de La lectora, “construía verdad a través de ciertas mentiras. Si conseguía emocionarnos con ciertas mentiras ese hecho se convertía en importante”, añade algo emocionado, como el hijo que se fascina ante la figura del padre. “La cercanía de Márquez con lo policíaco viene de los tiempos que le tocaron vivir: Allende, la Guerra Fría, etc. Y lo supo vivir y contarlo y ser partícipe de ello”. ¿Y cómo se ve eso en sus libros? “Si uno lo analiza con cuidado,los libros de Gabo son todos grandes investigaciones con los que él juega. Por ejemplo en Cien años de Soledad con el manuscrito de Melquíades”.
“Crónica de una muerte anunciada es fascinante como narración y si uno se pone a leer las entrevistas, las personas a las que investigó, cómo se convirtió en un inmenso detective”, asegura Álvarez, antes de entrar de lleno en Noticia de un secuestro, el libro clave del Gabo periodista. “Pablo Escobar secuestraba a los ricos y eso tiene mucho de thriller, nadie pensaba que no tuvieran que ser secuestrados”, afirma entrando de lleno en una polémica que García Márquez supo incendiar con una narración milimétrica de una investigación. “Nos cuenta un inmenso thriller y a través de él consigue que nos entendamos un poco más”, añade arrojando cierta luz de esperanza. “Aprendí una cosa de Gabo y es que incluso en la crónica oscura, con los muertos y los secuestros, lo importante es poder contar las cosas humanas y contarlas a partir de ese punto de vista mucho más enriquecedor”.
“Me ha emocionado lo que has dicho”, salta Cruz casi encima de las palabras de su compañero de tertulia. “Es inevitable que uno haya vivido situaciones en las que la tragedia humana cobra nombres propios”, relata en su torrente casi infinito de palabras. “Todas las historias en el periodismo y en la vida adquieren otra dimensión cuando ves el latido humano de la tragedia”.
Más enseñanzas. Álvarez entra a analizar: “La novela negra nórdica es racional, lógica. En América Latina nadie se creería eso. Que alguien es decente y honrado y tan inteligente y sutil, no se lo creería nadie”, ataca Álvarez. “Y García Márquez en Crónica de una muerte anunciada nos enseña que el azar también crea grandes historias”.
El día que Pablo Escobar prohibió las drogas
En Medellín, el mayor capo de la droga de la historia de Colombia, Pablo Escobar, prohibía la droga cuando la situación se ponía fea y la violencia se desbordaba. Esta maravillosa paradoja, contada por Álvarez con el ritmo de un buen narrador, inmersa en una investigación periodística, en una aventura por conseguir un reportaje, muestra la enorme capacidad de narración de los colombianos y oculta una enseñanza. “Uno por rastrear una historia termina encontrándose un montón de cosas absurdas que nadie creería”, concluye para demostrar los extraños límites de la realidad, tan bien manejados por Gabo.
Y si hablamos de historias y fábulas, Juan Cruz no tiene tantas como García Márquez, pero se le acerca. Eso ya lo dejamos para otro día.
NOTA: Todo este papel en el mundo diplomático, en conversaciones más o menos secretas, siempre de intermediario, de agente de Cuba ante Estados Unidos, ha sido narrado en Back Channel to Cuba, de los investigadores William M. Leogrande y Peter Kornbluh.
http://blogs.elpais.com/elemental/2014/10/garcia-marquez-getafe-negro-conspiracion.html

ESPAÑA: Juntos pero sin tocarse. Foto de José Palazón.

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A veces, las conciencias sólo se mueven cuando son disparadas por el objetivo de una cámara fotográfica. Es el caso de esta imagen, tomada esta misma mañana en Melilla por José Palazón, responsable de la ONG Prodein, una de las más activas en la defensa de los derechos de los inmigrantes que intentan cruzar la frontera.
Palazón lleva más de una década documentando gráficamente cada intento de salto de valla. Por eso, no se asombra con que el Gobierno planee ahora dar carácter legal a las llamadas “devoluciones en caliente” que desde hace años esta ONG viene denunciando.

En septiembre, Prodein formó parte, junto a otras dos asociaciones, de la acusación contra el jefe de la Comandancia local de Melilla, Ambrosio Martín Villaseñor, que acabó con su imputación por haber devuelto “en caliente” a Marruecos este verano a decenas de subsahariamos que habían logrado saltar las vallas o que se encontraban en el denominado espacio entrevallas. En cada uno de esos rechazos se encuentran posibles “solicitantes de asilo”, a quienes la legislación impide de forma expresa devolver a su país. “Es otra muestra más de la huída hacia delante en la que el Gobierno está solo”, afirma Palazón.

Palazón aclara a teinteresa.es que con su foto no pretende dar a entender que la sociedad de Melilla esté “inmunizada” ante los inmigrantes que intentan acceder a la ciudad autónoma, ni que tampoco haya normalizado esta situación. Al contrario, dice, “la mayoría de la gente de Melilla está en contra de lo que se hace con ellos, pero tiene al mismo tiempo la sensación de que no puede hacer nada”.

Según el director de Prodein, existe además una sensación de “miedo” generalizada a posibles consecuencias de “significarse públicamente” a favor de los derechos de los inmigrantes y en contra de expulsiones en valla, con violencia y vulnerando la legalidad. Por eso, afirma, se intenta “hacer como que no pasa nada” aunque “esto no quiere decir que guste lo que pasa”.

“En Melilla, el conjunto de la población tiene miedo porque la respuesta del sistema a cualquier crítica suele ser fuerte”, asegura Palazón. Como ejemplo pone a ONG que, afirman, han perdido sus subvenciones y ayudas públicas por su activo rechazo a la política migratoria que se lleva a cabo e incluso funcionarios que le han manifestado que cumplen con las órdenes por temor a perder su trabajo o a las posibles represalias.