Una sorpresa, un pequeño clásico de la novela negra japonesa. Por Juan Carlos Galindo

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Me leí El expreso de Tokio de una sentada, embaucado por el tono, intrigado por la trama, por los usos sociales del Japón de la época, maravillado por la sencillez de la novela. Libros del Asteroide, tan original en sus apuestas, acaba de editar esta pequeña joya de Seicho Matsumoto (Kokura, 1909- 1992), en traducción de Marina Bornas. El libro pasa por ser uno de los clásicos del género en Japón, al que no me había acercado nunca, y ha resultado una grata sorpresa.
Corrupción en el Japón de los años cincuenta, dos policías radicalmente distintos y entrañables y un doble suicidio por amor en el que puede que nada sea como parece son los ingredientes de un libro distinto, un superventas japonés que deja un buen sabor.
Jutaro Torigai es un viejo policía de provincias, de corbata y trajes raídos, de dedos sucios y huesudos que acude a la playa de la isla de Kyushu para investigar el hallazgo de dos cadáveres, hombre y mujer, con evidentes síntomas de envenenamiento. La investigación oficial quiere una solución fácil y directa: el hombre es un funcionario clave en un caso de corrupción ministerial; la mujer, una simple camarera. Veredicto: suicidio por amor. Pero al viejo Torigai hay cosas que no le cuadran y empieza a investigar por su cuenta.
Kiichi Mihara es un joven y enérgico subinspector de la sección segunda de la policía de Tokio, la que se dedica a los delitos más complejos. Cuando llega a la isla y Torigai se entera de que este policía de cara infantil y cejas pobladas pertenece a esa unidad sabe que tendrá que dejar el caso y que éste apunta a las altas esferas de la capital. Mihara comparte las dudas del viejo policía sobre la muerte y cree que está relacionada con un importante caso de corrupción. Tiene, incluso, un sospechoso, un empresario relacionado con el ministerio en cuestión y con una coartada perfecta.
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A partir de aquí se inicia una auténtica oda a la novela procedimental. Un detallado relato de cómo es una investigación, de cómo Mihara se deja la piel y muchas neuronas para tratar de desmontar la coartada del sospechoso, cómo interroga, se recorre el país, compara horarios de trenes, busca testigos, piensa, se desespera.
Entre las muchas virtudes de la novela está la de tener una estructura perfecta, en la que poco a poco y de manera muy clásica se va viendo algo más de la trama que hay detrás de este caso. Lejos de ser un relato policial sin más, la historia se entrelaza con ciertos usos y costumbres del Japón de los cincuenta, describe perfectamente la relación hombre- mujer de la época y traza casi sin querer un perfil complejo de los personajes.
Me encanta el tono, imagino que en buena parte mérito de la traductora, y el trato de respeto entre los individuos que pueblan la novela. El hecho de que la investigación la inicie un policía para dejársela luego a otro que ocupa gran parte de la narración y que luego el viejo policía vuelva a aparecer para ayudar a través de una relación epistolar con su compañero de la capital agiliza la narración y le da un punto original.
El expreso de Tokio se publicó por entregas en una revista entre 1957 y 1958 y fue todo un éxito. Cuando se reeditó en libro fue una de las novelas más vendidas de la época. Matsumoto fue un insigne periodista y un prolífico escritor, un clásico del género venerado en su país y que aquí ya se ha ganado otro fan. Esperemos que nos lleguen más novelas suyas. Mientras, lean y disfruten. Vive le noir, même si c’est un peu jaune!

http://blogs.elpais.com/elemental/2014/10/novela-negra-japonesa-expreso-matsumoto.html

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