‘Personal’: Jack Reacher no envejece y sigue repartiendo justicia y muerte. Por Juan Carlos Galindo

Lee Child | SIGRID ESTRADA

Lee Child | SIGRID ESTRADA


Hay escritores que no quieren jubilar a sus personajes a pesar de los evidentes síntomas de cansancio que muestran a partir de determinado momento. No es ese el caso de Lee Child (nacido James Grant, Conventry, 1954) y su Jack Reacher, una suerte de samurái caído en desgracia, un vagabundo justiciero, un exmilitar de físico imponente, un tipo extraño. Jack está en forma y pasa de los 50 años pero en Personal (RBA, traducción de V. M. García de Isusi) se muestra mejor que nunca. La obra que ganó el VIII Premio RBA de Novela Negra es una excelente demostración de las virtudes de un maestro del thriller como Child y de las habilidades, excentricidades y genialidades de un Reacher por el que no pasan los años.
Child estará en Madrid desde hoy para asistir a Getafe Negro y hablaré con él. Mientras dejo aquí este pequeño comentario de un personaje que ha entrado en mi altar y sigo con esa costumbre de sugerir libros de grandes autores que van a las grandes citas del panorama negro en España. Lean y disfruten.
Me gusta Reacher porque es adicto a la cafeína; porque tiene 10 leyes de lo más macarra, 10 malas noticias para sus enemigos; porque tiene su propio código en el que quitar de enmedio para siempre a un proxeneta mafioso y corruptor de menores no representa el mayor problema. Me gusta su vagabundeo por el mundo, su nulo apego a lo material, que tantas cosas me hace plantearme, su respeto a las consecuencias de todo lo que hace y ha hecho. Porque en las novelas de Lee Child el pasado de nuestro ex policía militar de dos metros y ojos azules vuelve para pasar factura. Y Reacher sabe afrontarlo hasta sus últimas consecuencias.
En Personal, un intento de asesinato del presidente de Francia rescata del anonimato y el olvido voluntario a Reacher porque sólo él, uno de los mejores francotiradores de la historia del ejército de EE UU, reúne las dos condiciones necesarias para perseguir al peligroso terrorista: sabe de qué habla y conoce, porque lo metió en la cárcel, al profesional que parece estar detrás de todo.
A partir de ahí, un thriller de los buenos, en el que la presencia de los servicios secretos de varios países y la elección de escenarios internacionales como París o Londres hacen las delicias de los locos de la novela de espías. En su cruzada para que el mal pague, como sea, Jack se ve en medio del fuego cruzado de agencias de inteligencia, asesinos profesionales y mafias y lo lleva bien, sorprendentemente bien. No he leído toda la serie, pero está mejor que en Tripwire (tercera entrega, todavía no del todo formado) y todavía más insolente que en Un disparo (novena de la serie y primera editada por RBA, que también ha publicado Mala suerte y El camino difícil).
Los diálogos de Reacher con la insegura Casey Nice, compañera ocasional asignada por la CIA y que madura a golpe de situaciones escabrosas y frases lapidarias de nuestro protagonista justificando asesinatos, son un encantador manual de sofismo. Las frases que suelta a sus jefes son todavía mejores. Cuando le reclutan, sospecha que hay algo oculto, que EE UU no se puede preocupar así de Francia:

“Se están ustedes implicando demasiado cuando, si los franceses estuvieran quemándose, ni siquiera mearían sobre ellos para sofocar las llamas. Pero aquí están. Se comportan como si se tratara de Pearl Harbour. ¿Por qué? ¿Qué van a hacer los franceses? ¿Dejar de enviarnos el queso?”

O cuando hace alarde de su lema “nunca olvides, nunca perdones” y dice sobre uno de sus enemigos:
“Haga lo que quiera. Da lo mismo. Volverá a casa antes o después. Ya lo atraparé entonces. Cuando esté todo paralizado, los mercados se hundan, hayamos vuelto a entrar en recesión, la gente se muera de hambre y hayan empezado a declararse guerras. Cuando todo el mundo empiece a caerse en pedazos. Nada de eso me importará lo más mínimo. Sé cuidar de mí mismo. Y no soy de los que tienen una gran cartera de valores”.
Para los fans, este es un Reacher mejorado, más maduro, con las cosas más claras y las mismas obsesiones de siempre. Y Child sigue siendo un señor que sabe lo que hace. Para los que no sean fans, les dejo unas palabras del librero Paco Camarasa para terminar de convencerlos: “Personal no es novela negra, ni tampoco novela policial o enigma. Es un Thriller. Uno de los mejores ejemplos de lo que es un thriller”. Vive le noir!

http://blogs.elpais.com/elemental/2014/10/lee-child-jack-reacher-personal-rba.html

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