Que nunca se jubile Harry Bosch. Por: Guillermo Altares

Michael Connelly en Barcelona. © Carles Ribas

Michael Connelly en Barcelona. © Carles Ribas


Cuando Arthur Conan Doyle tuvo la desdichada idea de matar a Sherlock Holmes, se enfrentó a un motín de sus lectores. La reacción fue tan virulenta que el novelista escocés se vio obligado a resucitar a su personaje, primero con historias que transcurrían antes de su muerte y luego siguió escribiendo como si tan infausto hecho no hubiese ocurrido nunca. Sherlock, sencillamente, volvió. Algo parecido le puede pasar a Michael Connelly (Filadelfia, 1956) que en su última novela, The burning room, editada en diciembre en Estados Unidos y prevista para abril en España en RBA, amenaza reiteradamente con jubilar a su personaje estrella, el detective Harry Bosch. El problema es que, en el caso de que se produzca la muy anunciada jubilación, sus lectores no nos vamos a conformar con un retorno al pasado porque ahora mismo el detective se está enfrentando a sus mejores casos.
Además, acaba de llegar por fin a la televisión: el 13 de febrero Amazon estrenará en Reino Unido, Estados Unidos y Alemania, a través de su servicio de vídeo, una serie de diez episodios basada en los casos del detective. Se trata de la primera serie larga producida por el gigante de las compras en Internet, que acaba de firmar con Woody Allen también para trabajar para televisión. Titus Welliger interpreta al policía.

Desde El eco negro, este detective de la policía de Los Ángeles ha protagonizado 19 novelas a través de las que se puede trazar un retrato de la historia contemporánea de Estados Unidos, además de un perfil preciso e inagotable de la inmensa ciudad de Los Ángeles, casi más un país que una urbe, que se alza como un personaje más de la serie. Desde que estuvo en la guerra de Vietnam, donde combatió contra el Vietcong en los túneles luchando con un enemigo real y dos invisibles (la claustrofobia y el miedo), la realidad siempre ha formado parte de la vida de Bosh. Por ejemplo, con el 11 de septiembre de 2001 cambia todo en la policía porque cambian por completo sus prioridades de investigación. O las revueltas que incendiaron Los Ángeles en los años noventa que regresan como una pesadilla en su anterior novela, La caja negra. “Siempre he pensado en LA como la versión moderna de El jardín de las delicias”, asegura Connelly en una entrevista publicada en el último número de Vanity Fair para explicar la simbiosis entre el personaje y la ciudad. “Es una ciudad físicamente hermosa, desde el mar hasta la montaña o el desierto. Todo está ahí, pero todo está jodido. Es una ciudad en la que siempre parece que vas a ganar pero luego fallas”.
Bosch –el nombre del personaje hace referencia al pintor Hieronymous Bosch, conocido como El Bosco, autor de uno de los cuadros más famosos del Museo del Prado, El jardín de las delicias– las ha pasado canutas en estos años: ha perdido varios compañeros en acto de servicio, le han disparado multitud de veces y ha estado a punto de morir demasiadas. Pero, sobre todo, nunca ha dudado en enfrentarse a un jefe que cree que está tomando una decisión incorrecta, en saltarse la burocracia que muchas veces entierra el trabajo policial y que Connelly describe con tanto talento. Nunca se ha rendido y su olfato de policía nunca le ha fallado. Sin embargo, se ha ganado un descanso.
En The burning room el merecido retiro de Bosch está muy cerca y es algo que está constantemente en su cabeza. Esta vez le toca como compañera de investigación una policía joven y con mucho talento, Lucia Soto, una agente valiente que saltó a la fama en el cuerpo por un tiroteo. Bosch se entiende muy bien con Soto y tiene la sensación de que está pasando el testigo de tantos años de investigación a alguien. Su retiro cobra así más sentido que nunca. Desde que regresó a la policía de Los Ángeles después de un alejamiento forzoso durante el que trabajó como investigador privado (y aprovechó para sumergirse en las tinieblas de su pasado, el asesinato de su madre cuando era un niño), está destinado en el departamento de casos sin resolver. En The burning room regresa a un tiroteo en el que fue asesinado un mariachi en el este de Los Ángeles. Connelly, como siempre, hace una minuciosa descripción de la ciudad, en este caso marcada más que nunca por la creciente presencia hispana. Y, como siempre, nada es lo que parece según avanzan en el caso. El narrador estadounidense consigue bordar de nuevo una novela, llena de cargas de profundidad, contada con oficio, plagada de recovecos. Una lectura más que recomendable.
http://blogs.elpais.com/elemental/2015/02/que-nunca-se-jubile-harry-bosch.html

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