CRUCE DE CAMINOS: Programa de Pamplona Negra 2016

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Todo lo que le debemos a la siesta de Patricia Highsmith. BERNA GONZÁLEZ HARBOUR

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Cuenta Patricia Highsmith que una de las herramientas que más le ayudó a escribir fue la siesta. En sus primeros tiempos, cuando aún desempeñaba otros trabajos para sobrevivir, dormía al llegar a casa por la tarde y se bañaba al despertar para simular que empezaba un nuevo día, el de verdad, aquel en el que podía hacer lo que soñaba: poner una palabra tras otra para construir historias. Multiplicar cada día por dos fue el sombrero de su magia, del que iba a salir no un conejo, sino el puñado de las mejores novelas de suspense que siguen latiendo con brío décadas después.

“Un sueñecito ahorra tiempo en lugar de malgastarlo”, cuenta como si tal cosa. “Me duermo con el problema y me despierto con la respuesta”.

La divina siesta de Patricia Highsmith no es solo una de las sencillas confesiones que nos regala el libro del que aquí vamos a hablar. Es el retrato de que la literatura más sofisticada no está en la sofisticación, en la mirada perdida en busca de musas inexistentes ni en la ensoñación profunda, sino que se puede esconder en los ronquidos. Y es muestra del vigor de un libro cargado de lecciones de oficio, de humildad, de cotidianidad y también de fracaso. Si yo lo he conocido, nos viene a decir, no tenéis nada que temer. “Esto es lo que hace que la profesión de escritor sea animada y apasionante: la constante posibilidad de fracasar”.

Highsmith buscaba inspiración o desconexión en los episodios y personajes más mundanos, en momentos absurdos como el lavado del coche y nunca en conversaciones con otros escritores, de los que huía como de los celos. De éstos dice: “Aunque son poderosos no me sirven de nada y a lo más que se parecen es al cáncer, que va devorando sin dar nada”.
Hablemos del libro.

Sus… pense. Cómo se escribe una novela de misterio es al reino de la literatura lo que los mandamientos al reino de Dios. Algo así como si a Moisés la zarza le hubiera seguido hablando: ven, vuelve, no te olvides de las otras tablas de la ley. Las disfrutaréis.
Publicado por Highsmith en 1983, Círculo de Tiza lo recupera ahora en España con aroma a gran reserva. Corto pero de largo aliento, sagaz como sus novelas, práctico como su autora, inteligente y honesto, el libro solo tiene peligro para las escuelas de literatura creativa, que podrían caer fulminadas si los aprendices se dieran cuenta de que en esas 159 páginas está la verdadera lección, y no en las aulas. Es un decir.

La dama del suspense desgrana lecciones como quien explica una receta para la lasaña: tantos gramos de ambiente por aquí, un poco de sal por allá, carga de personajes, la capa de pasta, olor a alcanfor, la bechamel en su punto, el ritmo, el principio, el final y la inyección de matices para hacer de un protagonista un suicida convincente. Y al horno.
Pero hay una que centra y eleva el debate a ese lugar donde cada autor puede tiritar antes de posicionarse: cuánto hay de calculado y frío en una obra y cuánto de emocional; cuánto de cabeza y cuánto de corazón; cuánto de ajeno y cuánto de desnudez.

“Las buenas narraciones se hacen solo con las emociones del escritor”, resuelve Highsmith. “Aunque un libro de suspense esté totalmente calculado, habrá escenas, descripciones —un perro atropellado, la sensación de que alguien te sigue por una calle oscura— que probablemente el escritor habrá experimentado en persona. El libro es siempre mejor si contiene experiencias como estas, de primera mano, realmente sentidas”.

Todos construimos un caparazón para protegernos de los golpes emocionales y lo vestimos de decoro, corrección, juicio moral, ceguera o indiferencia adquirida, nos cuenta. ¿Cómo si no ser un granjero entero si coges cariño al animal que debes sacrificar? ¿Cómo ser psicólogo si te pueden contagiar la depresión? ¿O un geriatra efectivo entre ancianos que avanzan hacia la muerte? Para ser escritor se necesita, sin embargo, un grosor bastante más ligero en el caparazón: fino como para captar, sentir, comprender y trasladar las emociones, y sin morir en el intento. “Los escritores tienen un caparazón protector muy pequeño y durante toda la vida tratan de desprenderse de él, ya que los diversos golpes e impresiones que recibirán son el material que necesitan para crear. Esta receptividad es el ideal del artista”. Se llama empatía.

Cuando Highsmith creó a Tom Ripley trabajó durante días estérilmente hasta tirar a la basura las primeras versiones. Estaba acomodada en una casa de campo, feliz y relajada, y se dio cuenta de que la placidez de su estado de ánimo se había contagiado a su escritura “flácida”. Y eso no casaba con un Ripley tormentoso y brutal. Así que lo destruyó y decidió volver a empezar sentada al borde de la silla, incómoda, en tensión, como se lo imaginaba a él. Así pudo asesinar a Greenleaf y a todos los demás.
“No hay nada de espectacular en el argumento de A pleno sol, pero se hizo popular por su prosa frenética y la insolencia y audacia del propio Ripley. Me imaginé a mí misma en su piel. Ningún libro me ha resultado tan fácil y a menudo sentí que Ripley lo estaba escribiendo y que lo único que hacía yo era pasarlo a máquina”.

En otra ocasión, hojear un simple libro de recetas y descubrir las instrucciones para matar a una tortuga de forma que resultara más sabrosa bastó para poner en marcha su imaginación. Le añadió un niño atormentado y una madre y creó La tortuga de agua dulce, un relato que obtuvo el Premio Mystery Writers of America.

Un verdadero escritor se distingue del falso porque seguiría escribiendo en una isla desierta aunque no hubiera lectores. Y eso es así porque, en palabras de Highsmith: “Escribir es una forma de organizar la vida. Y la necesidad de hacerlo sigue presente aunque no se tenga público”.

Sus…pense. Cómo se escribe una novela de misterio. Patricia Highsmith. Círculo de Tiza. Madrid, 2015. 175 páginas. 22 euros.

Literatura en 13 mandamientos

Esta es una lista arbitraria de mandamientos de Highsmith. A diferencia de los del Reino de Dios, cada lector podrá hacer la suya. Y no es literal.
1. Un secreto para el éxito. No hay fórmulas mágicas ni secretos, salvo la individualidad y la personalidad. Solo al individuo le corresponde expresar lo que le diferencia de los demás. Es “la apertura de espíritu”, pero no es nada místico. Es una especie de libertad, de libertad organizada.
2. Objetivo: la diversión. La primera persona a la que deberías complacer es a ti mismo. Si eres capaz de divertirte escribiéndolo, divertirás a los editores y a los lectores.
3. Planificación, la justa. Un argumento nunca debe ser rígido ni estar terminado. Tengo que pensar en mi propio entretenimiento y a mí me gustan las sorpresas. Si sé todo lo que va a pasar, escribirlo no será tan divertido. Es más importante que los personajes se muevan y tomen decisiones como personas de carne y hueso, que se les dé la oportunidad de deliberar, de elegir, de volverse atrás, de tomar otras decisiones, como en la vida real. Los argumentos rígidos, aunque perfectos, pueden hacer que los personajes parezcan autómatas.
4. Así empieza todo. Los gérmenes de una idea pueden ser pequeños o grandes, sencillos o complejos, fragmentarios o completos, quietos o móviles. Yo los reconozco gracias a cierta excitación que siento enseguida, la misma que produce una sola línea de un poema. El mundo está lleno de ideas germinales y si no las tienes es por fatiga física o mental. Entonces hay que viajar, pasear, el cerebro exige vacaciones. A veces nos rodean personas que no nos convienen.
5. Claves para una buena atmósfera. Se consigue poniendo en marcha los cinco sentidos.
6. El diálogo, con moderación. Tres líneas de prosa son suficientes para transmitir lo esencial de una conversación. El diálogo es dramático y debe usarse con moderación.
7. Sin trucos. Los trucos proporcionan un entretenimiento endeble y no divertirán al lector inteligente. Son ideas ingeniosas que no tienen nada que ver con la literatura.
8. No hablar con escritores. No se me ocurre nada peor o más peligroso que comentar mi trabajo con otro escritor. Los escritores nadan unos junto a otros en la misma profundidad, dispuestos a hincar los dientes en el mismo plancton que flota a la deriva. Me llevo mucho mejor con los pintores.
9. Cuidado con el amor. Las personas que nos atraen o de las que estamos enamorados son como una especie de caucho que nos aísla de la chispa de la inspiración.
10. El lugar de las dificultades. Están en la mente del escritor, no en el papel.
11. El dinero. El escritor hará bien en tener otro trabajo.
12. Sin juicios morales. Las personas creativas no hacen juicios morales. Hay tiempo para ello después, en lo que crearán, pero el arte no tiene nada que ver con la moral, los convencionalismos ni los sermones.
13. El arte de escribir. Lo que hace difícil escribir sobre el arte de escribir es la imposibilidad de establecer reglas.
Es decir, y después de todo esto: que nadie se haga ilusiones.
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/02/24/babelia/1424779855_020501.html

Que nunca se jubile Harry Bosch. Por: Guillermo Altares

Michael Connelly en Barcelona. © Carles Ribas

Michael Connelly en Barcelona. © Carles Ribas


Cuando Arthur Conan Doyle tuvo la desdichada idea de matar a Sherlock Holmes, se enfrentó a un motín de sus lectores. La reacción fue tan virulenta que el novelista escocés se vio obligado a resucitar a su personaje, primero con historias que transcurrían antes de su muerte y luego siguió escribiendo como si tan infausto hecho no hubiese ocurrido nunca. Sherlock, sencillamente, volvió. Algo parecido le puede pasar a Michael Connelly (Filadelfia, 1956) que en su última novela, The burning room, editada en diciembre en Estados Unidos y prevista para abril en España en RBA, amenaza reiteradamente con jubilar a su personaje estrella, el detective Harry Bosch. El problema es que, en el caso de que se produzca la muy anunciada jubilación, sus lectores no nos vamos a conformar con un retorno al pasado porque ahora mismo el detective se está enfrentando a sus mejores casos.
Además, acaba de llegar por fin a la televisión: el 13 de febrero Amazon estrenará en Reino Unido, Estados Unidos y Alemania, a través de su servicio de vídeo, una serie de diez episodios basada en los casos del detective. Se trata de la primera serie larga producida por el gigante de las compras en Internet, que acaba de firmar con Woody Allen también para trabajar para televisión. Titus Welliger interpreta al policía.

Desde El eco negro, este detective de la policía de Los Ángeles ha protagonizado 19 novelas a través de las que se puede trazar un retrato de la historia contemporánea de Estados Unidos, además de un perfil preciso e inagotable de la inmensa ciudad de Los Ángeles, casi más un país que una urbe, que se alza como un personaje más de la serie. Desde que estuvo en la guerra de Vietnam, donde combatió contra el Vietcong en los túneles luchando con un enemigo real y dos invisibles (la claustrofobia y el miedo), la realidad siempre ha formado parte de la vida de Bosh. Por ejemplo, con el 11 de septiembre de 2001 cambia todo en la policía porque cambian por completo sus prioridades de investigación. O las revueltas que incendiaron Los Ángeles en los años noventa que regresan como una pesadilla en su anterior novela, La caja negra. “Siempre he pensado en LA como la versión moderna de El jardín de las delicias”, asegura Connelly en una entrevista publicada en el último número de Vanity Fair para explicar la simbiosis entre el personaje y la ciudad. “Es una ciudad físicamente hermosa, desde el mar hasta la montaña o el desierto. Todo está ahí, pero todo está jodido. Es una ciudad en la que siempre parece que vas a ganar pero luego fallas”.
Bosch –el nombre del personaje hace referencia al pintor Hieronymous Bosch, conocido como El Bosco, autor de uno de los cuadros más famosos del Museo del Prado, El jardín de las delicias– las ha pasado canutas en estos años: ha perdido varios compañeros en acto de servicio, le han disparado multitud de veces y ha estado a punto de morir demasiadas. Pero, sobre todo, nunca ha dudado en enfrentarse a un jefe que cree que está tomando una decisión incorrecta, en saltarse la burocracia que muchas veces entierra el trabajo policial y que Connelly describe con tanto talento. Nunca se ha rendido y su olfato de policía nunca le ha fallado. Sin embargo, se ha ganado un descanso.
En The burning room el merecido retiro de Bosch está muy cerca y es algo que está constantemente en su cabeza. Esta vez le toca como compañera de investigación una policía joven y con mucho talento, Lucia Soto, una agente valiente que saltó a la fama en el cuerpo por un tiroteo. Bosch se entiende muy bien con Soto y tiene la sensación de que está pasando el testigo de tantos años de investigación a alguien. Su retiro cobra así más sentido que nunca. Desde que regresó a la policía de Los Ángeles después de un alejamiento forzoso durante el que trabajó como investigador privado (y aprovechó para sumergirse en las tinieblas de su pasado, el asesinato de su madre cuando era un niño), está destinado en el departamento de casos sin resolver. En The burning room regresa a un tiroteo en el que fue asesinado un mariachi en el este de Los Ángeles. Connelly, como siempre, hace una minuciosa descripción de la ciudad, en este caso marcada más que nunca por la creciente presencia hispana. Y, como siempre, nada es lo que parece según avanzan en el caso. El narrador estadounidense consigue bordar de nuevo una novela, llena de cargas de profundidad, contada con oficio, plagada de recovecos. Una lectura más que recomendable.
http://blogs.elpais.com/elemental/2015/02/que-nunca-se-jubile-harry-bosch.html

BCNegra 2015. Epílogo

Fin de fiesta en Negra y Criminal | Foto | RUBÉN LÓPEZ

Fin de fiesta en Negra y Criminal | Foto | RUBÉN LÓPEZ


NOTA DEL COORDINADOR: El gran Alexis Ravelo se despide de una gran BCNegra. Ha sido un lujo contar con él y disfrutar de nuestro mundo con amigos y fans. Ya saben que pueden leer todas las entregas aquí y la información sobre la fiesta de lo criminal en la sección de Cultura de EL PAÍS. Lean y disfruten.
POR ALEXIS RAVELO
Es sábado por la tarde, jefe. Ya ha bajado el telón y la tropa negrocriminal vuelve a disolverse. Algunos están ya a bordo de trenes, aviones o autos, camino de sus casas. Otros, los menos, salpican la geografía laberíntica de Barceloneta compartiendo sobremesa tras los últimos arroces, los últimos pescados, con amigos a quienes acaso vuelvan a ver en Valencia, Collbató, Arona, Santa Cruz, Cuenca, Gijón o Getafe, donde compartirán las mismas comidas y similares sueños.

Yo he optado por retirarme a casa de Gregori Dolz —editor de Alrevés Editorial— y Ángels Salvatella, quienes me han acogido estos días con una amabilidad y un calor de esos que ya no se estilan y dejar caer la tarde reflexionando sobre todo lo que he vivido en estos días. Lo que viví esta misma mañana en la que la gente se arremolinaba en Negra y Criminal para cazar la firma de Lorenzo Silva, Rosa Ribas, Andreu Martín, Jaume Ribera, Víctor del Árbol, Félix G. Modroño, Eugenio Fuentes, Juan Sasturáin, William C. Gordon, Jordi Sierra i Fabra, Susana Hernández, Juan Ramón Biedma, Tatiana Goransky y tantos, tantos otros.
Jefe, usted debería intentar entender lo que es este milagro anual que mezcla en torno a los actos o, simplemente, alrededor de un vino y unos mejillones a autores, editores, críticos y lectores. Ah, los lectores: esos seres en cuya existencia creen los autores como se cree en la existencia del Espíritu Santo, pero que no tienen rostro hasta el momento en que se les plantan delante y les cuentan que vienen desde muy lejos para saludarlos. Entonces, según me cuentan varios escritores que he conocido en estos días, es cuando todo tiene sentido; cuando las horas de trabajo, de redacción y, sobre todo, corrección, están justificadas; cuando aquello que han escrito se convierte realmente en verdadera literatura.
Afuera, en el patio, la tarde ya se va volviendo de un color gris tirando a negro, y acaso sea el momento de encender la lámpara, arrellanarnos en nuestro sillón favorito con los cigarrillos al alcance de la mano —mejor si es de terciopelo verde, aunque en ese caso conviene no situarlo de espaldas a la puerta— y leer cualquiera de los muchos libros con los que uno se ha hecho en estos días de amena reflexión y de conocimiento de otras realidades y literaturas.
Quiero que sepa, jefe, que aunque no me avergüenzo de haberle servido, tampoco lo hago de haberme pasado al enemigo. De hecho, mañana, cuando tome un avión para regresar a mi isla, lo haré contando los días que me quedan hasta que pueda volver el próximo año.
¿Qué le puedo decir sin mentirle? Ya solo dos cosas:
¡Larga vida a la novela negrocriminal! ¡Viva la BCNegra!
En Barcelona, Año 15 de BCNegra, día 8.
http://blogs.elpais.com/elemental/2015/02/bcnegra-2015-epilogo-alexis-ravelo.html

BCNegra 2015. Octavo informe. En los brazos del lado oscuro

Alicia Giménez Barltlett ayer con su editores y Paco Camarasa | Foto: Rubén López

Alicia Giménez Barltlett ayer con su editores y Paco Camarasa | Foto: Rubén López

NOTA DEL COORDINADOR: Esto se acerca al final y el traidor de Alexis Ravelo cumple con su amenaza y se cambia de bando. Allá él. Todavía no ha cobrado, así que ya veremos qué pasa. Ya saben que pueden leer todas las entregas aquí y la información sobre la fiesta de lo criminal en la sección de Cultura de EL PAÍS. Lean y disfruten.
POR ALEXIS RAVELO
Mi querido jefe y sin embargo amigo:
Como ya supondrá después de nuestra charla de ayer, puede considerar este informe de hoy como una carta de dimisión.
Ya sé que usted piensa que dimito porque el enemigo paga mejor —lo cual no sería difícil—, porque sus cámaras fotográficas son mejores, o porque soy un traidor ambicioso y quiero que la gente haga colas inmensas para solicitar mi autógrafo, como pasó ayer con Sue Grafton, o que me traduzcan a once idiomas, como ocurre con mi admirada Alicia Giménez Bartlett —ayer conversaron con el Comisario Camarasa cuatro de sus editores—, o para que las mujeres me adoren, como a Philip Kerr.

Pero lo cierto es que uno tiene también su corazoncito y, a ratos, algo de cabeza para pensar. Y entre la calidez de gente como Montse Clavé —que es la Librera pero también algo así como una hermana mayor, siempre pendiente de que uno esté feliz—, Anna María Villalonga —cuya sonrisa está siempre ahí, apareciendo y desapareciendo como la del Gato de Chesire— o de Maurizio Pisu —ese hombre que lo ha leído todo y que es mucho más sensible que irónico— acaba uno entendiendo que está en casa cuando está entre ellos. Y cito solo a estos tres porque usted me tiene dicho que el espacio es limitado, como limitada es la moral de un empresario del petróleo.
En fin, jefe, que lo ganan a uno por el cariño. Pero también por las meninges. Y es que, jefe, admitámoslo, con toda la mierda que nos está cayendo encima desde que las cosas andan mal —y no me refiero a la crisis, sino al sistema mismo, y al patriarcado, y al fanatismo y a la madre que parió a la opresión—, no podemos decir aquello de que leemos solo para evadirnos. No podemos seguir jugando a aquello de los géneros de evasión; tenemos que cultivar géneros de invasión, de esos que hacen al lector removerse por dentro y preguntarse dónde coño está, quién es, adónde va, de dónde viene y por qué.
Esto lo entendí bien tras hablar con Víctor del Árbol y Eugenio Fuentes, recordando algo que le dije en mi primer informe: las palabras son armas y todo libro ha de ser un trinchera o no será. Así que, le devuelvo mi placa y mi pistola de juguete, la grabadora en cassette y la cámara de usar y tirar y le ruego me incluya en su lista de sospechosos y me considere enemigo —más allá de lo personal, por supuesto, donde siempre tendrá en mí, como dice el vasco-argentino Íñigo Amonárriz remedando a José Luis López Vázquez, un admirador, un esclavo, un amigo, un siervo—, para bien y para mal y para el resto de la existencia, que yo llenaré de buenas ficciones negrocriminales, de esas que dan más gozo que placer, para ver si me ayudan a entender de una buena vez de qué coño va esto, más allá de lo que nos cuentan los periódicos y los discursos oficiales.
Dentro de un rato me iré a Negra y Criminal, donde habrá firma de ejemplares y me reuniré con los míos, escritores y lectores. Y puede que mañana le envíe un último informe, pero este ya no para traicionarlos, sino para darle a usted envidia. Hasta entonces, que Dios guarde a usted muchos años y póngame a los pies de su señora.

En Barcelona, Año 15 de BCNegra, día 8
http://blogs.elpais.com/elemental/2015/02/bcnegra-2015-octavo-informe-alexis-ravelo.html

BCNegra 2015. Séptimo informe. De la sed de whisky y la falta de fe

Giménez Bartlett durante su discurso. | Foto: Rubén López

Giménez Bartlett durante su discurso. | Foto: Rubén López


POR ALEXIS RAVELO

No me lo puedo creer, ditoseadiós… Al final, resultó que era cierto. Casi no daba crédito a mis ojos cuando lo vi a usted, ahí, oculto entre el público, clavándome en el cogote su mirada de avispa a través de los agujeros que había hecho en su programa de mano. No se fía de mí, jefe, y eso duele, carajo, con lo bien que les he servido yo a usted y al Cuerpo durante todo este tiempo. Sí, ya sé que me dijo usted que solo pasaba por aquí, que el encuentro fue casual, que todo esto son paranoias mías… Pero yo he desarrollado un cierto olfato para el embuste y sé que lo que ocurre es que no cree que yo esté cumpliendo mi labor con eficacia, que piensa que estoy todo el día metido en el bar.
Esto, como usted supondrá, daña mi autoestima. Motivo por el cual ayer, después de nuestro encuentro, ahogué mis penas en el bar del Conservatori del Liceu. Y me jode, que conste, porque abajo, en la sala, abarrotada como siempre, estaban Christoffer Carlsson, mi adorada Anna María Villalonga y Juan Bolea —Charlotte Dink no pudo venir—, hablando sobre novela psicológica. Y después, al parecer, se armó la de San Quintín con Leandro Pérez, Santiago Roncagliolo y Juan Sasturáin, hablando de fútbol y corrupción. Sin embargo, las lágrimas de dolor a causa de su desconfianza no me permitieron, por esta vez, cumplir mi cometido. Y, las cositas claras, suya, que no mía, es la culpa. En fin, para usted hace. Por cierto, en el bar del Conservatori hay una cuenta que dejé a su nombre. Ahora ya no tengo por qué mandarle las facturas: puede satisfacerlas usted mismo, sacar los sucios billetes de esa cartera negra, como negra es el alma que tiene.
Así, con mi congoja y seis whiskis entre pecho y espalda, me fui a la plaza de San Jaume, y me colé de rondón en el Saló de Cent del Ayuntamiento, porque ayer se entregaba el Premio Pepe Carvalho. Este galardón, usted lo sabe, es uno de los platos fuertes de la BCNegra. Premia la trayectoria de veteranos y activos escritores negrocriminales. Otros años lo obtuvieron Francisco González Ledesma —alias Silver Kein—, Henning Mankell, P. D. James, Michael Connelly, Ian Rankin, Andreu Martín, Petros Márkaris, Maj Sjöwall y Andrea Camilleri. Y esta vez la distinción que otorga l’Ayuntament ha ido a parar a una gran dama del crimen: Alicia Giménez Bartlett.
Pero esta no es una dama del crimen cualquiera. Esta mujer es la madre literaria de la mismísima Petra Delicado y del propio Fermín Garzón. Ella fue la pionera, la primera y yo diría mejor de las autoras que pusieron a mujeres policías a investigar. Sí, señor: en una época en la que los personajes femeninos no eran protagónicos y se limitaban a representar a la víctima, la ayudante del investigador o la fatal mujer fatal —incluso en las novelas escritas por mujeres—, esta albaceteña adoptada por la ciudad de Barcelona tuvo los redaños de escribir Ritos de muerte, la primera novela de esta serie en la que Delicado, con su distancia crítica, disecciona la realidad española a lo largo de libros como Un barco cargado de arroz o El silencio de los claustros. El más reciente se titula Crímenes que no olvidaré, y me lo voy a llevar de aquí firmado por esta mujer que, si ya me caía bien, ayer se ganó mi corazón para siempre. ¿Por qué? Porque hizo un discurso de agradecimiento divertido, sincero y hermoso, en el que le dio tres patadas a la solemnidad, con toda la coherencia del mundo, pues, como ella misma dijo, la novela negra, sencillamente, no puede ser solemne. Más bien, todo lo contrario: será políticamente incorrecta o no será.
Y por aquello de que será: será el discurso de esta gran dama del crimen o será que ando muy dolido con usted por su poca fe en mí, pero ¿sabe qué le digo?, que no me extraña nada que Cristina Fallarás y Toni Hill se hayan pasado al bando de esta gente. Es más, sospecho que, si esto sigue así, acabaré siguiendo sus pasos. Sí, jefe, lo siento mucho, pero me está perdiendo. Usted sabrá lo que tiene que hacer para evitarlo. Pero yo, por el momento, ya he quedado con algunos sospechosos para esta misma tarde, a las cuatro, en la Sala Barts, para charlar un rato. Estarán allí Eugenio Fuentes —un conocido habitual del que nos llegan informes desde Extremadura—, Víctor del Árbol —que está esparciendo Un millón de gotas por toda Europa— y un más que sospechoso contrabandista de libros recién llegado de Bilbao, por nombre Jokin Ibáñez y con vinculaciones con varias bandas organizadas, como Novelpol o Calibre .38. Si en esta reunión hago de infiltrado o acabo pasándome al lado oscuro, dependerá de su actitud y se verá de aquí a las cuatro. Pero, lo repito, jefe: estoy muy dolido y no sé si podrá usted ya remediarlo. Hasta entonces, lo espero en el bar. Traiga su negra cartera, porque tengo sed.
En Barcelona, Año 15 de BCNegra, día 7.
http://blogs.elpais.com/elemental/2015/02/bcnegra-2015-septimo-informe-alexis-ravelo.html

BCNegra 2015. Sexto informe. Fronteras

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NOTA DEL COORDINADOR: Inasequible al desaliento, nuestro cronista sigue trasteando por Barcelona dispuesto a superar cuantas barreras le pongan o se ponga, que también hay de eso. La cita del principio la entenderán aquellos a quienes va dirigida, espero.
Pueden leer todas las entregas aquí y la información sobre la fiesta de lo criminal en la sección de Cultura de EL PAÍS. Lean y disfruten.
POR ALEXIS RAVELO
Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo.
Ludwig Wittegenstein: Tractatus Logico-Philosophicus, proposición 5.6.
Ya estoy mejor, jefe. Lo que no cura el alcohol, lo cura el tiempo. O el roce con los amigos. Por eso ayer —lo reconozco— me salté alguna charla para hacer un vermú casero con Rosa Ribas. Sí, jefe, me he hecho amigo de esta individua, qué se le va a hacer, que uno andará infiltrado pero el corazón es permeable y ya conoce usted aquello de que el corazón tiene razones que la razón no entiende.
Pero eso fue solo un ratito chico y después de asistir a un par de mesas interesantes. Ayer, en BCNegra se habló, sobre todo, de fronteras: de fronteras literarias y geográficas, éticas y políticas, sociales y hasta ontológicas —fíjese qué palabra más bonita y raruna—, aunque no se dijera explícitamente, porque una de las mesas sin mesa hablaba de cómo algunos autores y autoras utilizaban lo sobrenatural en sus ficciones policíacas, como es el caso de Yrsa Sigurdardottir, Mikel Santiago y Dolores Redondo, quienes apelan en sus novelas a viejas leyendas. Aprovecho para hacer un inciso y aclararle que eso que le han contado de que yo, mientras transcurría esta charla, estaba pimplando en el bar del Conservatorio es también una leyenda, si no una sucia mentira inventada por los agentes dobles para desacreditarme —por cierto, le adjunto la factura de unos cuantos whiskis que tuve que convidarle a un confidente—.
De lo fantástico y lo real se había hablado ya en la primera mesa —también sin mesa— del día, que abordaba las obras de cuatro tipos jóvenes —a saber: Alejandro Corral, Marcos Chicot, Augusto Cruz y Milo J. Krmpotić— y la moderaba Álvaro Colomer. La charla llevaba por título, precisamente, Los fronterizos, porque todos ellos, de alguna manera, se salen de los estrictas márgenes de lo negrocriminal en sus ficciones que hablan de tecnología, de ciencia, de psiquiatría, de vampiros y de fantasmas. A los otros aún tengo que abrirles ficha —sin perder tiempo, porque creo que darán que hablar—, pero al tal Krmpotić le sigo la pista desde hace tiempo. Su última canallada es una novela desasosegante que se titula El murmullo y que parece, a primera vista, la típica historia de niña secuestrada y periodista guapa que ve fantasmas. Pero el tío es más listo que el hambre y, encima, tiene estilo, así que lo que podría haber sido un entretenimiento se convierte en algo muy serio. Si los otros tres escriben igual de bien, vamos a tener que atarlos cortitos.
De fronteras se habló en la mesa sin mesa siguiente, en la que Maurizio Pisu —un individuo sardo muy conocido en los ambientes, sospechoso de cosas muy graves pero al que nunca le hemos podido probar nada—, charló con Donato Carisi, Antonio Manzini y Roberta de Falco, alias Roberta Mazzoni. Esta última habló de Trieste, esa ciudad fronteriza que cambió de país varias veces a lo largo de los siglos XIX y XX y que no por nada Joyce —aquel que recordábamos ayer— escogió como refugio. Antonio Manzini —Pista negra, que edita Salamandra Black —, ambienta sus novelas en la ciudad de Aosta, adonde su policía, Rocco Schiavone —un policía peculiar que comienza cada día fumándose un porro enorme—, se ha mudado desde el mismísimo Trastévere romano.
Economía criminal de la ciudad, la última actividad de la tarde, abordó las fronteras entre diferentes tipos de delincuencia, lo que viene a ser hablar de fronteras sociales, lo que a su vez viene a tener el correlato de las fronteras urbanas. Y, si no, que se lo digan al moderador, Javier Alegría, director del diario El Raval. En esta mesa intervinieron la antropóloga Dolores Juliano, Carlos Quílez —viejo conocido suyo y mío que ahora anda difamando a los honrados empresarios y respetables políticos con su Manos sucias—, Itziar González y Antoni Rodríguez, jefe del Área de Crimen Organizado de los Mossos d’Esquadra. Y yo, como estaba allí el señor Rodríguez, persona de orden, y además empecé a no entender ni papa —a causa del alcohol, del cansancio y de esas otras fronteras, las del lenguaje— decidí que podía marcharme de allí sin que nadie pudiese echarme en cara no haber cumplido con mi deber.
Hoy la cosa comienza pronto, jefe, en el Auditorio de Blanquerna —c/ de Valldonzella, 12— con una charla sobre cómic que va a tener lugar a las 12:30, así que le envío este informe y salgo corriendo a comprar otra cámara de usar y tirar, que ya gasté otro carrete. Para que luego diga que no curro.
En Barcelona, Año 15 de BCNegra, día 6.
Post scriptum: En un fugaz encuentro, Toni Hill me contó ayer que lo ha visto a usted por aquí, que ha cruzado la marca del Meridiano y se ha personado en Barcelona porque al parecer no se fía de que yo me esté comportando con la seriedad debida. No he querido creer este infundio, destinado, muy seguramente, a desacreditarle a usted y trastornarme a mí.

http://blogs.elpais.com/elemental/2015/02/bcnegra-2015-sexto-informe-fronteras.html